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Estaciones fantasma en el Pirineo

JAVIER RICOU | Llessui | 09/08/2010 | Actualizada a las 00:30h | Ciudadanos

 

Las pistas cerraron, pero nadie se ha preocupado por dejar el paisaje como estaba.

 

Ricard tenía 14 años la primera vez que pisó la estación de esquí de Llessui, en el Pallars Sobirà. Tres décadas después, ha vuelto a esa montaña y lo que se apuntaba como un viaje nostálgico se ha tornado en una decepcionante visita por el estado de abandono que presenta ese paraje. El complejo de esquí cerró hace más de una veintena de años, pero por ahora nadie se ha preocupado en recuperar el paisaje y dejar la montaña como los promotores de esta estación la encontraron en 1967, cuando abrieron las pistas. Llessui es hoy una montaña fantasma, una ladera llena de hierros oxidados y edificios semiderruidos, que en su día proporcionaron ocio a miles de esquiadores y que hoy destilan dejadez y abandono.

 

telesillallesui.JPGRicard no puede evitar la nostalgia al pasear por debajo de las torres del telesilla que llevaba a los esquiadores desde casi el pie de la población de Llessui hasta la cota 2.000, pero muy pronto surge otro sentimiento: "Esto hay que retirarlo de aquí, dejar la montaña como estaba antes", afirma. Los remontes siguen en esas laderas como si esperaran que alguien volviera a ponerlos en marcha cualquier día. El edificio que albergó el alquiler de material de esquí, la oficina del director, el bar, el restaurante, los lavabos… continúan también en pie.

La estación invernal fue una obra hecha a conciencia. Pero alrededor de esas cuatro paredes la imagen es hoy de un total abandono. Cristales rotos, trozos de hierros, escaleras de madera podridas, carteles retorcidos y todo tipo de basura se amontonan en el área que más vida tuvo cuando esa estación estaba en marcha.

A la imagen de abandono se suma el peligro que entraña pasear por esa zona. En los 23 años que lleva cerrada la estación se han tenido que tapiar en varias ocasiones las puertas y las

ventanas de ese edificio. Es un trabajo que se apunta estéril, pues siempre hay alguien que vuelve a romper esas vallas de ladrillo para colarse en el interior.

La estación de Llessui fue la gran apuesta de la Vall d"Àssua a finales de la década de los sesenta. Y al principio trajo riqueza al territorio, aunque también acabó pasando factura al pueblo, con faraónicas edificaciones que ahora parecen no tener sentido alguno. Reabrir ese complejo, como está actualmente el negocio del esquí, parece casi imposible. De ahí que la petición de Ricard, a la hora de reclamar que la montaña recupere el paisaje que tenía antes de que se construyera la estación, se apunte como la propuesta más acertada.

En la comarca no se ha olvidado, sin embargo, la época de esplendor vivida tras la apertura de esas pistas. Muchos vecinos del valle aún llevan en sus vehículos pegatinas de Llessui, una muestra de que la ilusión es lo último que se pierde. Es como si creyeran que cualquier día podrán volver a coger ese telesilla que partía desde las afueras del pueblo para ascender hasta lo más alto de la montaña.

La historia de Llessui se repite en otros valles del Pirineo. En Val d"Aran, la estación de La Tuca, abierta en 1974 y cerrada en 1989, presenta también idéntica situación de abandono, con los edificios derruidos y los remontes oxidados y rotos. En la Vall Fosca se corre el riesgo de vivir la misma experiencia después del abandono de las obras de la que tenía que ser la última estación de esquí del Pirineo catalán. Los trabajadores se han marchado, pero nadie se ha preocupado de dejar el paisaje como estaba antes de iniciar las obras.

En la Vall Fosca, una importante operación inmobiliaria tenía que convertir esta zona de los Pirineos en un nuevo punto de peregrinación para los esquiadores. Allí debía alzarse una nueva estación de esquí. Se montaron los remontes, se prepararon las pistas y se instalaron cañones para hacer nieve. La empresa quebró, y el ambicioso proyecto se quedó a medias. Las cicatrices de las infraestructuras para construir la estación son más que evidentes y visibles en la montaña, sin que nadie, por el momento, haya desmontado estas nuevas estructuras que permanecen impávidas rodeadas de maleza.